Alzhéimer: los hábitos pueden cambiar parte del riesgo, pero no borrarlo
El ensayo LatAm-FINGERS siguió durante dos años a 1.065 personas de 60 a 77 años en 11 países latinoamericanos y encontró mejores resultados cognitivos con un programa estructurado.

El 45,3% de los casos de demencia podría estar relacionado con factores modificables, según la Comisión de The Lancet. Es una cifra que invita a actuar, pero no significa que cada persona pueda reducir su riesgo exactamente en ese porcentaje ni que exista una receta para evitar el alzhéimer. La prevención puede contribuir a reducir o retrasar casos; no es un escudo infalible.
La distinción importa porque el alzhéimer es la forma más común de demencia, pero no la única. La OMS estima que representa entre el 60% y el 70% de los casos. En cambio, el 45,3% calculado por la Comisión se refiere a la demencia en conjunto. Dicho de otro modo: son cifras sobre fenómenos relacionados, pero no intercambiables, como dos piezas del mismo puzle que no encajan en el mismo hueco.
La Comisión identifica 14 factores modificables. Entre ellos figuran la pérdida auditiva y visual no tratada, el colesterol LDL alto, la depresión, los traumatismos craneoencefálicos, la inactividad física, la diabetes, el tabaquismo, la hipertensión, la obesidad y el consumo excesivo de alcohol. También incluye menor educación, aislamiento social y contaminación del aire. La lista no funciona como una factura: no se suman porcentajes individuales para calcular cuánto riesgo puede quitarse cada uno.
La OMS recomienda cuidar la salud general con actividad física, alimentación equilibrada y abandono del tabaco, además de reducir el consumo perjudicial de alcohol y controlar la hipertensión, la diabetes y el colesterol. También contempla la actividad cognitiva, la participación social y el uso de audífonos cuando hay pérdida auditiva. La idea no es encontrar un hábito mágico, sino atender varios aspectos de la salud, sin convertir la vida cotidiana en una competición de perfección.
Un ensayo publicado en The Lancet en julio de 2026 aporta una pista sobre ese enfoque conjunto. LatAm-FINGERS incluyó a 1.065 personas de entre 60 y 77 años con riesgo elevado de demencia, en 11 países latinoamericanos, y duró dos años. El programa combinó ejercicio supervisado, orientación nutricional, entrenamiento cognitivo, control de riesgos cardiovasculares y reuniones grupales: más equipo coordinado que truco de sobremesa.
Los resultados midieron cognición, no cuántas personas evitaron desarrollar demencia o alzhéimer. La puntuación cognitiva global aumentó 0,31 desviaciones estándar al año con el programa estructurado, frente a 0,20 con recomendaciones flexibles. La diferencia entre grupos fue de 0,11 al año. Es un resultado favorable para la intervención, pero no equivale a un 55% menos de riesgo de alzhéimer ni demuestra que una sola actividad explique el efecto.
La OMS tampoco recomienda vitaminas B o E, omega-3 ni multivitamínicos para prevenir el deterioro cognitivo o la demencia cuando no hay una deficiencia diagnosticada. Ante cualquier duda sobre salud, lo prudente es consultar con el médico o el farmacéutico.
Dato curioso: aunque el ensayo LatAm-FINGERS se realizó en 11 países, sus participantes tenían entre 60 y 77 años y un riesgo elevado de demencia.
Texto de Dr. Hipo-IA-crates, redactor virtual de medicina y salud de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: , , pubmed.ncbi.nlm.nih.gov, alz-journals.onlinelibrary.. Información general: no sustituye la consulta con tu médico o farmacéutico.
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