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¿Estamos viviendo o simplemente estamos pasando por la vida?

La rutina, las creencias y las obligaciones pueden alejarnos del presente sin que nos demos cuenta. Una invitación a cuestionar nuestros automatismos, romper patrones y recuperar la libertad de elegir cómo vivir y disfrutar de las pequeñas cosas.

Por Carolina Mora · 15 de octubre de 2026 a las 10:02 · 7 min de lectura · Read in English
¿Estamos viviendo o simplemente estamos pasando por la vida?
Foto: La Gaceta de Guardamar
Este artículo es una columna de opinión. Las opiniones son atribuibles a su autor, sin excluir las responsabilidades legales del editor, y no reflejan la línea del periódico.

DESAFÍ-ARTE

¿Estamos viviendo o simplemente estamos pasando por la vida?

¿No os ha pasado alguna vez que, de repente, os dais cuenta de que ha pasado un año de vuestra vida y sentís que algo no termina de encajar? Habéis trabajado, atendido vuestras obligaciones, cuidado de otras personas y resuelto mil cuestiones cotidianas. Sin embargo, cuando encontráis un momento para deteneros, aparece una pregunta: ¿estoy viviendo como realmente quiero o simplemente estoy cumpliendo con todo lo que se espera de mí?

A veces no necesitamos que ocurra nada extraordinario para darnos cuenta de que algo tiene que cambiar. Basta con detenernos y observar. Descubrir que llevamos demasiado tiempo funcionando en automático, pasando de una tarea a otra, esperando a que llegue el fin de semana, las vacaciones o ese momento en el que, por fin, tendremos tiempo para disfrutar.

Y mientras esperamos, la vida sigue sucediendo.

Cuando vivir se convierte en cumplir

Nos levantamos, miramos el móvil, nos preparamos deprisa, vamos a trabajar, resolvemos problemas, hacemos la compra, atendemos a la familia y organizamos el día siguiente. Mientras tanto, nuestra mente ya está pensando en lo que queda por hacer, en lo que nos preocupa o en lo que podría salir mal.

Terminamos una tarea y empezamos otra. Cumplimos, respondemos, organizamos y seguimos adelante. Y, sin darnos cuenta, podemos convertir la vida en una lista interminable de cosas pendientes, como si vivir de verdad fuera algo que empieza cuando terminamos todo lo demás.

Pero ¿y si ese momento nunca llega?

Vivir en automático no significa que estemos haciendo las cosas mal. Nuestro cerebro utiliza hábitos y respuestas aprendidas para facilitarnos muchas tareas cotidianas. El problema aparece cuando dejamos de prestar atención a cómo estamos viviendo, cuando repetimos comportamientos sin preguntarnos si siguen teniendo sentido para nosotros.

Podemos compartir una comida con las personas que queremos mientras pensamos en el trabajo, caminar por un lugar precioso repasando una conversación que nos ha molestado o pasar el día esperando que llegue un momento especial sin disfrutar de lo que está ocurriendo entre tanto.

Estamos ahí, pero nuestra atención está en otra parte.

Cuando algo dentro de nosotros empieza a no encajar

A veces esa desconexión aparece como insatisfacción, cansancio, irritabilidad o una sensación difícil de explicar: aparentemente todo sigue igual, pero nosotros ya no nos sentimos igual.

Quizá llevamos demasiado tiempo exigiéndonos, intentando llegar a todo o dejando nuestras necesidades para después. Quizá nos cuesta decir que no, nos sentimos responsables del bienestar de todo el mundo o nos enfadamos cuando las cosas no salen como esperábamos.

El cuerpo también puede darnos señales. Una mandíbula apretada, los hombros tensos, dificultades para desconectar o una sensación constante de agotamiento pueden acompañar a periodos de estrés. Estas señales no tienen una única causa, pero sí pueden invitarnos a detenernos y prestar atención a cómo nos encontramos.

En lugar de juzgarnos por sentirnos así, podemos empezar por hacernos una pregunta diferente: ¿qué está pasando en mi vida y cómo estoy respondiendo a ello?

No siempre encontraremos una respuesta inmediata. Pero detenernos a observar ya supone un cambio importante: dejamos de reaccionar únicamente por costumbre y empezamos a comprendernos.

Las historias que aprendimos a contarnos

Gran parte de nuestra manera de vivir se construye a través de lo que aprendemos desde pequeños, de los mensajes que recibimos en nuestra familia, de las normas sociales y de las experiencias que vamos acumulando.

Quizá aprendimos que ser responsables significa no fallar nunca, que debemos ser fuertes y no mostrar vulnerabilidad, que decir que no es decepcionar a alguien o que nuestro valor depende de cuánto hacemos por los demás.

Con el tiempo, esas ideas pueden convertirse en creencias que damos por ciertas sin haberlas revisado. Y, a partir de ellas, construimos patrones de comportamiento que repetimos casi sin darnos cuenta.

Si creemos que tenemos que agradar a todo el mundo, podemos terminar diciendo que sí cuando queremos decir que no. Si asociamos el descanso con la pereza, nos costará parar incluso cuando estamos agotados. Si pensamos que un desacuerdo pone en peligro una relación, quizá prefiramos callarnos antes que expresar lo que necesitamos.

Muchos de estos patrones nacieron como formas de adaptarnos, sentirnos aceptados o afrontar situaciones difíciles. No tenemos que rechazarlos ni culparnos por haberlos aprendido. Pero sí podemos preguntarnos si hoy siguen ayudándonos o si, por el contrario, nos impiden vivir como nos gustaría.

Lo que aprendimos puede influir en nuestra manera de vivir, pero no tiene por qué determinar todas nuestras decisiones futuras.

Romper estructuras para abrir nuevas posibilidades

Cuestionar una creencia no significa rechazar todo lo que nos enseñaron ni cambiar nuestra vida de un día para otro. Significa permitirnos revisar aquello que siempre hemos dado por hecho.

¿Realmente tengo que hacerlo así? ¿Qué pasaría si respondiera de otra manera? ¿Estoy eligiendo esto porque quiero o porque temo decepcionar a alguien? ¿Mantengo esta costumbre porque me aporta algo o simplemente porque siempre ha sido así?

A veces, romper una estructura empieza con algo tan pequeño como desayunar sin mirar el móvil, caminar unos minutos sin prisa, pedir ayuda en lugar de asumirlo todo o expresar con respeto una necesidad que llevamos tiempo callando.

También puede consistir en dejar de interpretar cada desacuerdo como un ataque, permitirnos descansar sin sentir culpa o escuchar a alguien sin preparar mentalmente nuestra respuesta.

Son pequeños gestos, pero pueden abrir espacios de libertad. No porque podamos controlar todo lo que sucede, sino porque empezamos a descubrir que existen más maneras de responder de las que habíamos imaginado.

Y quizá ahí se encuentre una parte importante del bienestar: no en conseguir que todo suceda como esperamos, sino en aprender a relacionarnos de otra manera con aquello que vivimos.

Estar presentes: volver a encontrarnos con la vida

Vivir con conciencia no significa analizar cada pensamiento ni estar permanentemente pendientes de nosotros mismos. Significa poder regresar al momento que estamos viviendo, reconocer lo que sentimos y prestar atención a lo que sucede sin dejarnos arrastrar constantemente por la prisa, las preocupaciones o los automatismos.

Es escuchar de verdad a quien tenemos delante. Disfrutar de una comida, de una conversación que nos hace reír, de una mirada cómplice, de un abrazo inesperado o de ese instante en el que sentimos que estamos bien sin necesitar que ocurra nada extraordinario.

No necesitamos que todo sea perfecto para disfrutar de la vida. Tampoco tenemos que negar las dificultades ni responsabilizarnos de aquello que escapa a nuestro control. Hay circunstancias que no elegimos, pérdidas que duelen y etapas que requieren tiempo, comprensión y, en ocasiones, ayuda.

Pero incluso en medio de la incertidumbre podemos explorar dónde poner nuestra atención, qué necesitamos cuidar y qué pequeñas decisiones siguen estando en nuestras manos.

Porque estar enganchados a la vida no significa aferrarnos a que todo permanezca como queremos. Significa conservar nuestra capacidad de emocionarnos, aprender, compartir y encontrar motivos para disfrutar de lo cotidiano, incluso cuando no todo es fácil.

Quizá hemos confundido vivir con cumplir, disfrutar con esperar y estar bien con tenerlo todo resuelto.

Pero la vida no empieza cuando terminamos nuestras obligaciones, cuando solucionamos todos nuestros problemas o cuando alcanzamos esa versión ideal de nosotros mismos que siempre parece estar un poco más adelante.

La vida está sucediendo ahora, también en medio de nuestras circunstancias imperfectas.

Y tal vez el verdadero desafío sea dejar de esperar a que todo esté en orden para empezar a habitar la vida que tenemos delante.

Tu desafío de la semana

Durante los próximos días, observa tres cosas: qué haces por costumbre, qué pensamientos aparecen cuando algo no sale como esperabas y qué señales te da tu cuerpo cuando estás bajo presión.

No intentes cambiarlo todo. Elige una pequeña rutina y pregúntate si puedes vivirla de otra manera. Quizá basta con hacer una pausa, respirar, escuchar, pedir ayuda o disfrutar de algo que normalmente haces deprisa.

Regálate cada día un momento de presencia. No tiene que ser extraordinario: basta con estar de verdad en una conversación, saborear una comida o prestar atención a un gesto de cariño.

No se trata de construir una vida perfecta, sino de participar de forma más consciente en la vida que tenemos.

Y ahora, una última pregunta:

¿Estás eligiendo cómo quieres vivir o llevas tanto tiempo funcionando en automático que has olvidado que también puedes elegir?

DESAFÍ-ARTE: el arte de comprenderte, cuestionarte y descubrir nuevas formas de vivir.

Carolina Mora

Autora de Desafí-ARTE | El arte de comprenderte Carolina Mora es profesional del ámbito de la salud y creadora de Desafí-ARTE, un espacio dedicado al autoconocimiento, la conciencia y el desarrollo personal. Interesada en la relación entre cuerpo, mente, emociones y bienestar, aborda la vida cotidiana desde una mirada integradora que invita a cuestionar creencias, comprender nuestros patrones y descubrir nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. A través de sus reflexiones, propone detenernos, salir del piloto automático y recuperar la capacidad de elegir cómo queremos vivir, poniendo en valor el autocuidado, las relaciones conscientes y el disfrute de las pequeñas cosas. En su columna semanal, Desafí-ARTE: el arte de comprenderte, comparte preguntas e ideas para mirar la vida desde nuevas perspectivas y recordar que el autoconocimiento no consiste en encontrar todas las respuestas, sino en aprender a hacernos mejores preguntas.

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