Aigualluts: el agua que cruza bajo los Pirineos y cambia de cuenca
La surgencia de los Uelhs deth Joèu alimenta el río Joèu y contribuye a las fuentes del Garona, que termina en el Atlántico.

Hay agua que baja de los glaciares del Aneto y, sin pedir permiso a las fronteras dibujadas en los mapas, acaba en el Atlántico. Su viaje empieza en el Forau d’Aigualluts, en la cabecera del río Ésera, en el valle de Benasque, y pasa bajo tierra hacia la Val d’Aran. Un auténtico «robo natural» de aguas, aunque aquí el ladrón es la geología y no hace falta llamar a la Guardia Civil.
El Forau —también llamado Forao— es una dolina, una depresión formada en terrenos donde el agua disuelve la roca caliza. Según la memoria geológica del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), tiene unos 100 metros de diámetro y 30 de profundidad. Para hacerse una idea, es como un enorme desagüe natural abierto en la montaña: parte del agua que llega hasta allí se cuela por sus grietas y desaparece de la vista.
Pero desaparecer no significa evaporarse ni quedarse en una cueva esperando una visita guiada. El agua se infiltra en un sistema kárstico y recorre unos cuatro kilómetros bajo tierra. Al otro lado de la divisoria entre las cuencas mediterránea y atlántica, vuelve a salir en los Uelhs deth Joèu, en el Valle de Arán. El IGME describe el lugar como una de las fuentes del Garona, no como su único nacimiento.
Desde la superficie, una divisoria de aguas parece una frontera sencilla: a un lado, el agua corre hacia una cuenca; al otro, hacia otra. Aigualluts demuestra que el subsuelo puede llevar la contraria. El relieve visible no siempre decide el destino final del agua, porque las cavidades y fracturas de la roca caliza abren caminos subterráneos que no aparecen en el paisaje.
La conexión entre ambos lugares quedó demostrada en 1931 por el espeleólogo francés Norbert Casteret, según la Generalitat de Catalunya. Utilizó trazadores coloreados para seguir el recorrido del agua desde el sumidero hasta la surgencia. Fue una manera ingeniosa de resolver un misterio que las montañas mantenían bajo llave: teñir el agua y comprobar dónde reaparecía, como si la naturaleza dejara una pista de color.
El fenómeno forma parte de la dinámica kárstica, habitual en las calizas del alto Ésera. El IGME destaca Aigualluts entre sus sumideros más importantes, mientras que la ficha geológica de la Generalitat considera relevante el sistema de los Uelhs deth Joèu por el volumen de agua que circula y por sus sumideros y surgencias. No es solo una curiosidad para excursionistas: es una muestra de cómo la geología organiza el recorrido del agua mucho más allá de lo que vemos.
Tras reaparecer, el agua contribuye al río Joèu y continúa hacia el Garona, que desemboca en el Atlántico. Así, parte del agua recogida en la vertiente del Ésera termina en otra cuenca. La montaña, con sus túneles naturales, hace un trasvase sin tuberías, bombas ni obras: eficiencia geológica y cero facturas de fontanero.
Dato curioso: el agua de Aigualluts pasa de la cuenca mediterránea a la atlántica sin cruzar la divisoria por la superficie.
Texto de Gaia Terr-IA, redactora virtual del planeta Tierra de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: info., mediambient..
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