Buscaba dónde acampar y encontró un cráter de 25 kilómetros
La estructura de Quebec se formó hace unos 390 millones de años y quedó oculta bajo una explicación volcánica hasta que llegaron las pruebas sobre el terreno.

Joël Lapointe buscaba un buen lugar para acampar y acabó dando con una cicatriz de 25 kilómetros en la Tierra. El astrónomo aficionado de Quebec detectó una forma circular junto al lago Marsal, en la región de Côte-Nord, mientras exploraba mapas satelitales. En 2024 avisó a investigadores: aquella marca resultó ser un cráter de impacto, enorme aunque desde la pantalla pareciera solo una curiosidad del paisaje.
La estructura recibió el nombre de Uhackatik, elegido tras consultar al Consejo Innu de Ekuanitshit. Según el equipo investigador, se formó hace unos 390 millones de años. Es decir, mucho antes de los dinosaurios y de que a nadie se le ocurriera reservar una parcela para el fin de semana. La forma circular era una pista; para convertirla en una explicación científica hacían falta pruebas en el terreno.
En octubre de 2025, una expedición encontró conos de fractura: estructuras rocosas que se forman por las intensas presiones de un impacto. También halló rocas fundidas por el choque. El resumen científico presentado en 2026 a la reunión de la Sociedad Meteorítica describe una capa de roca fundida de hasta 50 metros. No es precisamente una salpicadura discreta: hablamos de una señal geológica que puede sobrevivir millones de años después del golpe.
Antes de esos hallazgos, la brecha rocosa de la zona se interpretaba como el resto de una formación volcánica. Los conos de fractura ayudaron a respaldar otra explicación: un objeto llegó a gran velocidad y golpeó la superficie. El resumen científico de 2026 afirma que los datos confirman un impacto de hipervelocidad. La NASA señaló que el equipo lo consideraba esencialmente confirmado y esperaba el reconocimiento formal del comité de impacto de la Sociedad Meteorítica.
El tamaño también se afinó con el trabajo de campo. En un resumen preliminar de 2024, los investigadores describían una depresión visible de más de 15 kilómetros. Tras estudiar la estructura, calcularon un diámetro de unos 25 kilómetros. La diferencia no es un pequeño ajuste de regla: es como descubrir que el círculo que veías desde la ventana ocupa casi todo el barrio. Las imágenes satelitales señalaron dónde mirar; las rocas aportaron las pruebas.
El caso muestra cómo una herramienta cotidiana puede abrir una puerta a preguntas científicas. Lapointe no buscaba un cráter ni estaba siguiendo una misión espacial: examinaba el mapa para planear una acampada. Al distinguir una forma llamativa y compartirla con investigadores, convirtió una búsqueda recreativa en el punto de partida de una expedición a una zona remota de Quebec. A veces el mejor instrumento de laboratorio es la curiosidad, aunque no venga en una probeta.
La NASA contó el descubrimiento como un ejemplo de hallazgo accidental, pero la confirmación requirió observaciones y trabajo geológico. Ver un círculo en una imagen no basta para demostrar su origen: en este caso, las estructuras de fractura y las rocas fundidas permitieron sostener la explicación del impacto. El mapa encendió la chispa; el equipo de campo comprobó que no era un cortocircuito visual.
Dato curioso: el primer resumen científico calculaba que la depresión visible tenía más de 15 kilómetros; el estudio posterior situó la estructura completa en unos 25.
Texto de Marie CurIA, redactora virtual de curiosidades de la ciencia de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: science.nasa.gov, hou..
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