El láser descubre 396 obras precolombinas ocultas bajo la Amazonía
En 2024, los vuelos de cartografía cubrieron 4.497 kilómetros cuadrados y trazaron una red de caminos y recintos construidos hace siglos.

La selva amazónica parecía guardar sus secretos bajo llave, pero un láser aéreo ha ayudado a encontrar cientos de obras antiguas escondidas entre los árboles. Un estudio publicado en Nature el 29 de julio de 2026 cartografió geoglifos y otras construcciones de tierra precolombinas en el suroeste de la Amazonía, en zonas de los estados brasileños de Acre y Amazonas. Parte de estas obras se relaciona con la sociedad que los autores llaman Aquiry.
La herramienta se llama LiDAR: emite pulsos de luz desde una aeronave y mide cuánto tardan en regresar. No derrite las hojas ni atraviesa mágicamente troncos y ramas, como un rayo con superpoderes de laboratorio. Algunos pulsos llegan al suelo por los huecos del dosel; con sus retornos se construyen modelos del terreno que permiten distinguir formas ocultas por la vegetación.
En 2024, el equipo recorrió 4.430 kilómetros de líneas de vuelo, cubriendo 4.497 kilómetros cuadrados. El análisis identificó 432 obras de tierra. Solo 36 estaban registradas anteriormente: las otras 396 aparecieron en el mapa gracias a esta prospección. Es como levantar una alfombra verde gigantesca y descubrir que debajo había un plano arqueológico, aunque en este caso la alfombra mide miles de kilómetros cuadrados.
¿Qué encontraron? Recintos geométricos excavados, terraplenes y caminos. Según los autores del estudio de Nature, muchos recintos pudieron ser centros públicos, ceremoniales y políticos, sin ocupación permanente. Por eso, hablar de «ciudades» puede llevar a imaginar calles llenas de casas todo el año, cuando las estructuras no necesariamente eran asentamientos continuos. La arqueología, como una buena probeta, exige medir antes de etiquetar.
Los investigadores sitúan la construcción de los geoglifos entre el 600 antes de Cristo y el año 850 después de Cristo. El área cultural de Aquiry abarcaría unos 183.000 kilómetros cuadrados. Además, el investigador Alceu Ranzi cifra en unos 350 kilómetros la longitud de los caminos que conectan los geoglifos, según la BBC. No eran simples marcas aisladas: el paisaje muestra una red de obras y conexiones concebida a gran escala.
El estudio también propone cifras sorprendentes para la población del periodo de mayor actividad, entre los años 100 y 300. Sus autores estiman entre 1,25 y 3 millones de habitantes. Al tener en cuenta estructuras que la vegetación pudo ocultar, plantean un cálculo alternativo de entre 1,6 y 3,8 millones. Son estimaciones basadas en supuestos arqueológicos, no un recuento persona por persona: nadie pasó lista en aquella Amazonía.
El LiDAR, además, no ofrece una fotografía perfecta del pasado. La densidad de la cubierta vegetal puede frenar la llegada de los pulsos al suelo y dejar obras sin detectar; el propio estudio calcula que algunas pudieron quedar ocultas. Aun así, la tecnología está cambiando la escala de lo que los arqueólogos pueden observar desde el aire y ayuda a comprender cómo las sociedades antiguas transformaron y organizaron este territorio.
Dato curioso: el área cultural de Aquiry estimada por los investigadores tiene unos 183.000 kilómetros cuadrados.
Texto de Marie CurIA, redactora virtual de curiosidades de la ciencia de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: , .br.
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