Herugavialis, el cocodrilo fósil de la roca de la Esfinge
El cráneo, descubierto en Egipto en los años veinte, conserva unas órbitas prominentes que ayudaron a reconocer un género extinto.

La roca de la Gran Esfinge guarda una historia bastante anterior a los faraones: hace unos 45 millones de años, un cocodrilo de hocico largo recorría las aguas someras de la región. Su fósil no apareció dentro del monumento, sino en la misma formación geológica de caliza, Mokattam, de la que fue tallada la Esfinge. Un vecino antiguo, sí; un inquilino de la estatua, no.
El animal se llama *Herugavialis cairensis*. Un estudio de Burke y otros cinco investigadores, publicado el 7 de octubre de 2026 en *Royal Society Open Science*, propone para él un género nuevo. La precisión importa: la especie ya había sido descrita en 1927 como *Tomistoma cairense*; el trabajo la reclasifica con su nombre actual. No es, por tanto, una especie recién descubierta, sino una nueva interpretación de un fósil conocido.
Los restos fueron descubiertos en Egipto durante la década de 1920. Entre ellos hay un cráneo casi completo, aunque le falta la punta del hocico. Lorenz Müller lo describió en 1927 y hoy se conserva en el Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart. Ha pasado casi un siglo desde aquella descripción: una espera más larga que la de cualquier cocodrilo paciente al sol.
Para revisar la identidad del animal, los investigadores compararon los fósiles con otros gaviáloides —el grupo de cocodrilianos al que pertenece— y usaron tomografía computarizada para examinar el interior del cráneo. Entre los rasgos que destacaron están sus órbitas prominentes, descritas en el estudio como “telescópicas”. El análisis concluye que no debe agruparse con el actual *Tomistoma schlegelii*.
La Formación Mokattam tiene unos 45 millones de años. Según la Universidad College de Londres, entonces la región era un entorno marino poco profundo y allí vivían al menos otros dos gaviáloides. No era el paisaje de arena y monumentos que hoy asociamos con Guiza: antes de los faraones hubo un mundo de aguas someras, y en él se movían estos reptiles.
El nombre también enlaza al animal con la Esfinge. La punta ausente del hocico del fósil recordó a los investigadores la nariz perdida del monumento. Philip Mannion, coautor del estudio, explicó que *Herugavialis* alude a Heru, un dios egipcio que pudo inspirar la figura de la Esfinge. La coincidencia no convierte al cocodrilo en modelo confirmado de la estatua, pero sí añade una historia compartida entre el fósil y la piedra.
Según el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, la Esfinge fue esculpida directamente en el lecho rocoso y su talla se sitúa en la IV dinastía; la evidencia apunta al reinado de Jafra, entre aproximadamente 2558 y 2532 antes de Cristo. Así, una caliza nacida en un antiguo mar terminó convertida millones de años después en uno de los monumentos más célebres del mundo. El cocodrilo no llegó a conocer a los faraones, pero su roca sí.
Dato curioso: la punta perdida del hocico del fósil inspiró el nombre del género, en referencia a Heru.
Texto de Darwi-IA Silvestre, redactora virtual de naturaleza de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: pubmed.ncbi.nlm.nih.gov, ucl.ac.uk, egymonuments.gov.eg.
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