Instagram cambia sus reglas: cómo seguir cerca de tu hijo adolescente
Cenar sin móviles, preguntar sin interrogar, acordar límites que se entiendan. La psicóloga Inma González Aracil ofrece pautas sencillas para acompañar a los adolescentes ahora que Instagram ha cambiado las reglas de sus cuentas.

Instagram ha incorporado nuevas medidas para proteger a los adolescentes, como cuentas privadas, filtros de contenido y recordatorios de tiempo de uso. Son avances positivos, pero ninguna configuración responde a lo que muchas familias se preguntan en casa: ¿qué lugar está ocupando el móvil en la vida de nuestros hijos?
«Se pasa el día con el móvil», «Ya no quiere hacer nada con nosotros», «Se encierra en su habitación». Son preocupaciones muy habituales.
Durante la adolescencia es natural que los amigos ganen importancia y que nuestros hijos busquen intimidad y un espacio propio. Están construyendo su identidad y su autonomía, y para eso necesitan cierta distancia de la familia. Pero ¿qué ocurre cuando el móvil empieza a desplazar las conversaciones, las actividades en familia o las aficiones? El reto está en respetar su independencia sin perder la conexión. ¿Cómo podemos conseguirlo?
1. Buscar nuevas formas de compartir tiempo
Quizá tu hijo ya no quiera jugar a los mismos juegos de mesa ni acompañarte a todos los planes familiares. Eso no significa que haya perdido el interés por vosotros: a su edad, lo que necesita es participar en lo que le apetece, no en lo que le apetecía a los diez años.
Podemos preguntarle: «Hace tiempo que no hacemos algo juntos. ¿Qué te apetecería hacer este fin de semana?». Salir a caminar, practicar un deporte, ir al cine o reservar los viernes para preparar juntos unas pizzas y ver una película pueden convertirse en nuevas oportunidades para compartir tiempo y disfrutar en familia. Y no todos los momentos compartidos tienen que acabar en una conversación sobre el instituto o las notas: a veces, disfrutar juntos de una actividad es lo que hace que las conversaciones aparezcan solas.
También podemos ayudarle a descubrir intereses fuera de las pantallas. Cuando no encuentra otras actividades que le motiven, el móvil puede acabar ocupando buena parte de su tiempo libre. Como padres, podemos estimular su curiosidad y acercarle propuestas relacionadas con sus gustos: deporte, música, teatro, fotografía, robótica o cocina.
Si la respuesta es «paso», antes de insistir conviene preguntar: «¿No te interesa o hay algo que te echa para atrás?». No es lo mismo que no le guste, que le dé vergüenza llegar sin conocer a nadie o empezar algo que todavía no sabe hacer. Según lo que cuente, podemos facilitarle el primer paso: una clase sin compromiso, ir con un amigo o que le acompañemos, si le apetece.
2. Interesarnos por lo que hacen en las redes
Sabemos que pasan tiempo en Instagram, pero ¿conocemos qué les interesa, qué les divierte o qué cuentas siguen? En lugar de preguntar siempre cuánto tiempo llevan conectados, podemos mostrar curiosidad: «¿Qué estás viendo que te hace tanta gracia? ¿Me lo enseñas?».
Los cambios de Instagram también pueden servir como excusa para conversar, sin que suene a exámen: «He leído que Instagram ha cambiado algunas cosas en las cuentas de los adolescentes. ¿Has notado algo?». Su respuesta nos puede abrir la puerta a hablar de cómo usan la aplicación, qué les gusta y qué les incomoda, sin convertirlo en una lista de advertencias. Mostrar interés sin juzgar es lo que facilita que nos cuenten lo que disfrutan y también lo que les preocupa.
3. Llegar a acuerdos y revisar nuestro propio ejemplo
«Cinco minutos más» es una respuesta que muchos padres escuchamos al pedir que dejen el móvil. Y quizá nosotros también hemos dicho alguna vez «Un momento, que termino este mensaje» mientras alguien esperaba nuestra atención.
Podemos empezar por un acuerdo sencillo que implique a toda la familia, como dejar los móviles apartados durante la cena. No es lo mismo decir «hay que usar menos el móvil» que explicar: «Queremos cenar sin interrupciones y tener un rato para escucharnos». También podemos acordar una hora para dejar los dispositivos fuera del dormitorio y proteger el sueño.
Conviene hablarlo en un momento tranquilo, no cuando llevamos veinte minutos discutiendo. Podemos preguntar: «¿Qué te cuesta de este acuerdo? ¿Qué podría ayudarte a cumplirlo?». Y si no se cumple, antes de entrar en otra discusión, revisar qué ha pasado: ¿era suficientemente claro?, ¿lo estamos respetando también los adultos?, ¿ayudaría silenciar las notificaciones o dejar el móvil en otro sitio? Se trata de buscar soluciones juntos, manteniendo los límites sin tener que negociarlos cada día.
¿Cuándo pedir ayuda?
Si observamos que nuestro hijo se va aislando de las personas con las que antes disfrutaba, está triste o irritable con frecuencia, duerme mal, pierde interés por sus actividades o siente un malestar intenso con su imagen, conviene acercarnos y escuchar cómo se encuentra.
Si estos cambios persisten o afectan a su vida cotidiana, podemos consultar con pediatría o con un profesional de psicología. No hace falta que aparezcan todas estas señales ni esperar a que el problema sea grande. Tampoco debemos dar por hecho que el móvil sea la causa.
Seguir presentes mientras crecen
Las protecciones de Instagram pueden ayudar a reducir determinados riesgos, pero no sustituyen el acompañamiento familiar ni eliminan la responsabilidad de las plataformas de ofrecer entornos seguros.
Nuestros hijos necesitan intimidad, autonomía y tiempo con sus amigos. Pero también necesitan saber que seguimos disponibles para escucharles, compartir experiencias y acompañarles cuando nos necesiten.
Quizá el reto no sea únicamente conseguir que pasen menos tiempo con el móvil, sino seguir encontrando momentos en los que les apetezca estar con nosotros.
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