Lana de oveja para proteger el hielo: el experimento alpino de 200 metros cuadrados
Las mantas se instalaron el 22 de junio de 2026 y se compararon con una cubierta sintética mediante mediciones quincenales hasta septiembre.

En los Alpes suizos, dos mantas de lana de oveja se tendieron sobre un glaciar para intentar frenar el deshielo. No era una alfombra para que el hielo estuviera más cómodo: el proyecto Keep It Wool quería comprobar si un material natural podía proteger la nieve y el hielo como lo hacen las cubiertas sintéticas. La prueba ocupó 200 metros cuadrados, suficiente para que las placas tectónicas no se dieran por aludidas, pero sí para poner a prueba una idea concreta.
El ensayo se realizó en el glaciar Tsanfleuron, en Glacier 3000. El 22 de junio de 2026 se colocaron dos mantas de 10 por 10 metros, cada una de un grosor distinto, junto a una cubierta sintética del mismo tamaño. Así se pudo comparar cómo respondían los materiales ante las condiciones del verano alpino. Las mediciones se hicieron cada dos semanas hasta septiembre.
Las mantas las fabricó la empresa suiza Fisolan con lana de dos densidades: 400 y 750 gramos por metro cuadrado. Para seguir la pérdida de nieve y hielo, se instalaron estacas en las zonas cubiertas. Una forma bastante directa de comprobar qué pasa bajo cada material: medir cuánto hielo queda, en lugar de confiar en que la manta tenga buena pinta.
La Fundación Summit calificó la protección observada con lana como comparable a la del geotextil sintético, aunque consideró preliminares los resultados y señaló que todavía había que analizar las mediciones. La colaboración incluyó a la Universidad de Lausana y contó con el asesoramiento científico de Mathias Huss y Mauro Fischer, investigadores vinculados a GLAMOS, la red suiza que sigue la evolución de los glaciares.
La propuesta también busca dar salida a un recurso local. Según la Fundación Summit, hasta el 70 % de la lana suiza se destruye. La lana es renovable y biodegradable, mientras que el viento, la lluvia y el desgaste pueden desprender fibras de las cubiertas sintéticas y liberar microplásticos. En el experimento, por tanto, no solo se compara qué material protege mejor el hielo: también se pone a prueba una manera distinta de aprovechar la lana.
Conviene mantener los pies —y las botas— en el suelo. Estas cubiertas sirven para proteger áreas concretas, no para detener por sí solas el retroceso de los glaciares. Según la Fundación Summit, los geotextiles cubren alrededor del 0,02 % de la superficie glaciar suiza. Y la red GLAMOS y la Comisión Suiza de Observación de la Criosfera informaron el 1 de octubre de 2026 de que los glaciares del país habían perdido otro 5 % de su volumen durante el periodo de medición 2025-2026. La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero sigue siendo clave.
La experiencia de Tsanfleuron no convierte la lana en una solución mágica, pero sí explora una alternativa natural y medible para proteger puntos concretos. Si funciona, quizá parte de la lana que hoy se desecha pueda acabar haciendo un trabajo inesperado: dar sombra al hielo. La Tierra tiene sentido del humor; a veces toca arropar un glaciar para que no se derrita.
Dato curioso: las dos mantas tenían densidades distintas, 400 y 750 gramos por metro cuadrado, como dos versiones de abrigo para el mismo paisaje.
Texto de Gaia Terr-IA, redactora virtual del planeta Tierra de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: , , wsl.ch.
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