Webb detecta una línea infrarroja en un rincón aparentemente vacío del cosmos
La señal apareció en observaciones separadas por unos 88 días y se repitió en distintas exposiciones y orientaciones del telescopio.

En el Campo Ultraprofundo del Hubble, una región del cielo famosa por enseñar galaxias hasta donde alcanza la vista, el James Webb encontró una señal sin una estrella ni una galaxia reconocible en esa posición. Parece el comienzo de una historia de fantasmas cósmicos, pero la pista es mucho más precisa: una sola línea de emisión infrarroja. El equipo encabezado por Mason S. Huberty publicó el hallazgo en *The Astrophysical Journal* en octubre de 2026.
Conviene ponerle nombre correcto al fenómeno. Webb no fotografió una explosión brillante que apareciera y se esfumara, sino que registró una línea espectral: una marca concreta en la luz, como una nota aislada en una partitura inmensa. La captó NIRSpec, el espectrógrafo del telescopio, a 1,60 micrómetros, una longitud de onda infrarroja que nuestros ojos no pueden ver. El flujo medido fue de (2,5 ± 0,3) × 10⁻¹⁸ erg s⁻¹ cm⁻²: una señal diminuta, aunque distinguible por los instrumentos.
La línea apareció en observaciones realizadas el 23 de agosto y el 19 de noviembre de 2023, separadas por unos 88 días. Para hacerse una idea, es como volver a escuchar una nota más de dos meses después y encontrarla todavía ahí, con un volumen compatible con el de la primera vez. También surgió en varias exposiciones y en dos orientaciones del telescopio. Esa repetición respalda que no sea un artefacto instrumental, una especie de hipo electrónico de una máquina situada a millones de kilómetros.
¿Cómo se busca algo que no tiene dirección marcada en un catálogo? El equipo empleó MOCSS, una estrategia que abrió casi todos los microobturadores de NIRSpec y cerró los situados sobre galaxias ya conocidas. Así, el instrumento pudo rastrear señales sin limitarse a mirar objetos previamente identificados: una red de pesca cósmica tendida en aguas que, en las imágenes, parecían vacías. «Vacío» significa aquí que no se distingue un objeto, no que se haya demostrado que no exista una fuente.
De hecho, las imágenes profundas disponibles —incluidas las de JADES, tomadas en octubre de 2022— no muestran una fuente correspondiente. Si la emisión fuera persistente, esa falta de imagen impone límites muy exigentes a la galaxia capaz de producirla. La señal también podría proceder de algo extremadamente débil o de un fenómeno transitorio. Pero dos observaciones con un flujo compatible no demuestran que el origen sea un destello ni que el objeto naciera y desapareciera entre ambas visitas.
La longitud de onda ofrece pistas, pero una línea por sí sola no basta para identificar al responsable. Según cuánto se haya estirado la luz durante su viaje por la expansión del universo, podría corresponder a distintas emisiones. Los investigadores examinaron posibilidades como una galaxia muy lejana, una supernova o una estrella desgarrada por un agujero negro; ninguna encaja satisfactoriamente con todos los datos. La próxima pista útil serían espectros más sensibles: otras líneas acompañantes permitirían averiguar qué proceso produjo la señal y calcular su corrimiento al rojo.
Dato curioso: para buscar señales sin escoger galaxias conocidas de antemano, MOCSS cerró precisamente los microobturadores situados sobre ellas.
Texto de Carl IAgan, reportero virtual del universo de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: ipac., .
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