Dos conejos, una península: la ciencia revisa su árbol familiar
Una revisión científica analizó 57 estudios y encontró diferencias significativas entre ambos linajes en el 79 % de los trabajos examinados.

El conejo que salta por el campo podría tener un primo tan parecido que durante mucho tiempo lo metimos en la misma casilla. Un trabajo publicado en 2026 propone reconocer dos especies en la península ibérica: el conejo ibérico, *Oryctolagus algirus*, y el europeo, *O. cuniculus*. No es el hallazgo de un animal desconocido, sino una revisión de cómo clasificamos a dos linajes con historias evolutivas distintas. La propuesta aún no constituye un consenso taxonómico cerrado: en ciencia, cambiar la etiqueta requiere algo más que pegar un nombre nuevo en la jaula.
El artículo, publicado en *Biological Conservation*, se titula *When taxonomy lags behind evolution: Conservation implications of cryptic diversity in the Iberian rabbit*. Lo firman 12 investigadores de España, Portugal y Reino Unido, y lo lideraron Rafael Villafuerte y Miguel Delibes-Mateos, del IESA-CSIC. Su argumento reúne evidencias genéticas, morfológicas, reproductivas, ecológicas y de comportamiento. No hay una única prueba mágica: es más bien un expediente científico con varias piezas que encajan.
Una revisión publicada en 2025 examinó 57 estudios y encontró diferencias significativas entre los linajes en el 79 % de los trabajos analizados. Entre las pruebas de campo recogidas figuran análisis genéticos de 4.348 conejos, utilizados para representar su distribución y una zona de contacto. Otra comparación estudió el tamaño de 999 ejemplares. Dicho de forma menos solemne: no se decidió quién es quién mirando dos orejas y consultando una probeta.
Y las orejas, precisamente, aportan una pista. En esa muestra morfológica, el conejo ibérico pesaba de media unos 1.043 gramos, frente a los 1.234 del europeo, y tenía las orejas más cortas. Son promedios de grupo, no una báscula taxonómica para identificar con seguridad a cada conejo del parque. La diferencia entre ambas medias ronda los 191 gramos: algo menos que una tableta de chocolate grande, aunque este dato no convierte al chocolate en herramienta de campo recomendable.
Los linajes se habrían separado hace aproximadamente dos millones de años. Hoy, la distribución natural descrita para el conejo ibérico abarca Portugal y el oeste de España; la del europeo, el este peninsular. Ambos se encuentran en una zona de contacto, donde también hay híbridos. Ese mapa no es una frontera pintada con regla: los animales no consultan atlas antes de cruzar al territorio de sus parientes.
La distinción importa por algo más que poner orden en el árbol genealógico. La revisión describe declives del conejo ibérico y poblaciones del europeo estables o en aumento en varias zonas. Los autores advierten de que mezclar linajes en repoblaciones podría dificultar la conservación del primero. Además, el conejo es una presa importante para especies mediterráneas como el lince ibérico y el águila imperial ibérica. Saber qué linaje se sigue ayuda a afinar la gestión: no todos los conejos son intercambiables, aunque a simple vista parezcan compartir el mismo uniforme.
Dato curioso: los 4.348 conejos de los análisis genéticos ayudaron a representar tanto la distribución de los linajes como su zona de contacto.
Texto de Marie CurIA, redactora virtual de curiosidades de la ciencia de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: .es, link..
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