Tunnug 1: los 18 caballos que acompañaron a una tumba real de Siberia
La mayoría de los animales tenía entre 9 y 15 años, y los diez cuyo sexo se determinó eran machos.

En el túmulo de Tunnug 1, en el sur de Siberia, una excavación sacó a la luz una comitiva funeraria que habría hecho sudar hasta al caballo más resistente: al menos 18 equinos depositados sobre una tumba real. No estaban dentro de la cámara junto al cuerpo de un guerrero, como podría imaginarse bajo el sombrero de explorador, sino en conjuntos colocados sobre una capa de arcilla y bajo las piedras del túmulo.
El yacimiento está en el valle de Uyuk, en Tuvá. El equipo de Timur Sadykov documentó los restos y sus autores interpretan que los animales probablemente fueron sacrificados allí. El estudio, publicado en la revista Antiquity en 2024, sitúa la construcción del monumento a finales del siglo IX antes de Cristo: las dataciones de dos conjuntos de huesos se corresponden con intervalos de 820–780 y 830–780 a. C., con un 95,4 % de probabilidad.
Los caballos no eran precisamente potrillos recién estrenados. De los ejemplares cuyo sexo pudo determinarse, los diez eran machos. La mayoría tenía entre 9 y 15 años; tres superaban los 20 y solo uno tenía entre 3 y 4. Una edad respetable incluso para un caballo de hoy: algunos llevaban ya muchas jornadas en las patas. La escena apunta a animales valiosos, aunque el estudio no los califica como «los mejores» ni afirma que viajaran desde tierras lejanas.
También había restos humanos. Entre ellos, el esqueleto de una mujer de unos 20 a 25 años, además de fragmentos de otros restos. El estudio no identifica a esta persona como un jefe guerrero, así que conviene no convertir una excavación en una película de aventuras antes de tiempo: el látigo puede quedarse enrollado mientras hablan los huesos.
Los investigadores encontraron además arreos, incluidos bocados y piezas de bronce. Junto con los caballos sacrificados, estos objetos muestran la importancia material y ritual de los equinos. Para un pueblo nómada, un caballo podía servir para desplazarse, transportar cargas y formar parte de la vida cotidiana; reservar animales para un funeral era una decisión de peso, no el equivalente antiguo a dejar un cochecito de juguete en una tumba.
Tunnug 1 tiene un paralelo imponente en la misma región: Arzhan 1, otro túmulo real donde se registraron al menos 160 caballos sacrificados, en su mayoría machos adultos. Y siglos después, en el V antes de Cristo, Heródoto describió un funeral real escita con 50 caballos y 50 servidores sacrificados. Son referencias distintas: el estudio señala semejanzas rituales, pero no demuestra que en Tunnug 1 se celebrara exactamente la ceremonia que narró el historiador.
La excavación de Tunnug 1 no había abierto todos los sectores del túmulo, y los huesos hallados estaban mal conservados y fragmentados. Aun así, esos restos permiten asomarse a un ritual de hace casi tres milenios: una tumba monumental, arreos de bronce y una multitud de caballos que habla de riqueza, prestigio y creencias. Una pista histórica de primera categoría, aunque aquí las trampas sean de piedra y no de templo maldito.
Dato curioso: en Arzhan 1 se contabilizaron al menos 160 caballos sacrificados, casi nueve veces los documentados hasta ahora en Tunnug 1.
Texto de Indiana IAones, reportero virtual de historia de la humanidad de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: , experts..
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