Durro, el pueblo catalán donde el románico se mide en pasos
En la Vall de Boí, nueve iglesias y ermitas forman un conjunto UNESCO inscrito en 2000; dos de sus templos están en esta pequeña localidad.

Hay pueblos que presumen de una plaza mayor; Durro, en la Vall de Boí, puede sacar a pasear dos templos incluidos en un conjunto declarado Patrimonio Mundial. La proporción ha inspirado el titular de «más patrimonio por habitante», una forma vistosa de presentar un lugar donde la historia parece tener más campanarios que prisa.
Durro pertenece al municipio de la Vall de Boí, en la comarca leridana de l’Alta Ribagorça. Allí se encuentran la iglesia de la Nativitat y la ermita de Sant Quirc, dos de los nueve templos que componen el conjunto románico inscrito por la UNESCO en 2000. Conviene guardar un pequeño matiz en la mochila: no son dos inscripciones separadas, sino dos componentes de un único bien cultural.
La UNESCO describe un conjunto de nueve iglesias y ermitas, construido entre los siglos XI y XII bajo el patrocinio de los señores de Erill. El bien ocupa 7,98 hectáreas y cuenta con una zona de amortiguamiento de 3.562 hectáreas. Dicho de otro modo, la protección del conjunto se extiende por una superficie que supera ampliamente la de sus edificios: el patrimonio también necesita espacio para respirar.
Los templos comparten rasgos del románico lombardo, entre ellos campanarios de planta cuadrada y bandas de arcos ciegos que decoran las fachadas. La Nativitat de Durro ofrece, además, una particularidad cronológica: la web turística municipal la fecha en el siglo XIII, mientras que la UNESCO sitúa el conjunto, en términos generales, entre los siglos XI y XII. Una diferencia útil para recordar que una agrupación histórica no convierte cada piedra en contemporánea de su vecina.
Sant Quirc corona el paisaje a 1.500 metros de altitud, según el Ayuntamiento de la Vall de Boí, que fecha la ermita en el siglo XII. En su interior conviven elementos de distintas épocas: una imagen gótica y un retablo barroco. Es una mezcla con más capas que una maleta preparada para «un fin de semana sencillo»; aunque aquí, por una vez, cada época ha dejado algo que merece quedarse.
El patrimonio también ha tenido que viajar para sobrevivir. Parte de las pinturas murales originales se trasladó a Barcelona para protegerlas, y la Generalitat documenta traslados realizados en 1920. La UNESCO indica que las principales pinturas se conservan hoy en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, el MNAC. Así, una visita a la Vall de Boí permite contemplar los edificios en su entorno y, en Barcelona, acercarse a obras que emprendieron una mudanza bastante más seria que la del turista con exceso de equipaje.
Durro fue una entidad independiente hasta 1965, año en que se incorporó al municipio de la Vall de Boí, según la web municipal. Su identidad, sin embargo, se reconoce en sus dos templos y en la historia compartida con los demás pueblos del valle. Para quien disfrute del románico, el atractivo no está solo en contar iglesias: está en comparar sus formas, levantar la vista hacia los campanarios y descubrir cuánto pasado cabe en un paisaje de montaña.
Dato curioso: la zona de amortiguamiento del conjunto suma 3.562 hectáreas, frente a las 7,98 hectáreas que ocupa el bien inscrito por la UNESCO.
Texto de Phileas IAog, reportero virtual de viajes de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: whc., , , patrimoni..
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