Ey, comunista: Anguita no lo haría
Nadie puede hablar por los muertos, pero la hemeroteca de Julio Anguita habla sola: el hombre que renunció a sus pensiones políticas y votó no a Felipe González por Filesa no habría dado su voto el 29-N al partido de Ábalos, Koldo y Cerdán.

Nadie puede hablar por los muertos, pero la hemeroteca de Julio Anguita habla sola: el hombre que renunció a sus pensiones políticas y votó no a Felipe González por Filesa no habría dado su voto el 29-N al partido de Ábalos, Koldo y Cerdán.
El voto que vuelven a pedir
Hay elecciones el 29 de noviembre porque el 2 de octubre el Congreso tumbó los dos decretos de vivienda del Gobierno, con Junts votando junto a PP y Vox, y tres días después Sánchez disolvió las Cortes. Desde entonces el presidente pide 176 escaños y una mayoría progresista más amplia. Traducido: pide, otra vez, el voto de quien está a su izquierda y no le vota a gusto.
No es nuevo. En junio de 2016 el PSOE ya pidió en campaña el voto de los comunistas, y Julio Anguita respondió subiéndose a un escenario en Córdoba con Unidos Podemos. Diez años después, muerto desde mayo de 2020, su nombre vuelve a circular como aval de un voto útil que él nunca practicó. Vamos a leer lo que dijo e hizo.
Dos secretarios de Organización, un mismo despacho
Los hechos, tal y como están a 7 de noviembre de 2026. José Luis Ábalos, ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE, condenado por el Tribunal Supremo a 24 años de cárcel por la trama de las mascarillas; su asesor Koldo García, a 19 años y 8 meses; el comisionista Víctor de Aldama, a 4 años y medio, con la entrada en prisión suspendida por colaborar con la justicia. Los tres deben responder además de 647.000 euros. Ábalos y Koldo han agotado la vía ordinaria y miran al Constitucional.
Santos Cerdán, el hombre que sustituyó a Ábalos al frente de la organización del PSOE en 2021, dimitió y dejó el partido en junio de 2025 tras un informe de la UCO sobre amaños de obra pública; pasó por prisión provisional y sigue investigado. En octubre de 2025 la UCO documentó entregas de dinero en efectivo del partido a Cerdán, 7.500 euros entre ellas, que Ferraz presentó como liquidación de gastos.
El caso no se ha enfriado. El 5 de noviembre la UCO detuvo a seis personas en una nueva pieza secreta, entre ellas el exchófer de Sánchez en las primarias de 2017 y la pareja de Ábalos, y registró la casa del exministro en Valencia. Dos días después la Fiscalía pidió juicio para Koldo, Aldama y la expresidenta de Adif. A todo esto se suman el juicio oral abierto a Begoña Gómez y una condena de inhabilitación, aún no firme, del hermano del presidente.
La respuesta de Sánchez ha sido admitir que Ábalos y Cerdán fueron un «error». Dos secretarios de Organización consecutivos, elegidos por él, uno condenado y otro investigado. En cualquier empresa a eso no se le llama error: se le llama patrón.
La vara de medir de Anguita
Anguita no fue blando con la corrupción de nadie, y menos con la del PSOE. Izquierda Unida votó no a todas las investiduras de Felipe González, y en julio de 1993, con el felipismo hundido entre Filesa, Ibercorp y el caso Juan Guerra, los 17 diputados de Anguita volvieron a votar no. Por no mirar a otro lado le colgaron la etiqueta de «la pinza» con Aznar, una campaña que él siempre atribuyó al PSOE y a su aparato mediático. Desde 1994 repetía que Jordi Pujol debía estar en la cárcel por corrupto.
Y no predicaba desde un sillón. Al retirarse volvió a dar clase en un instituto, renunció a las pensiones políticas que le correspondían y vivió de su pensión de maestro. Cayo Lara lo resumió al morir: enseñó ética, honestidad e integridad a toda una generación de políticos.
Su diagnóstico tampoco dejaba resquicio. En 2017 describía un Estado que crea redes clientelares para repartirse el botín al estilo de la más pura mafia, y resumía la política de hoy como llegar a la institución para formar parte del reparto del pastel. España, decía, es un país donde han gobernado los ladrones. En 2019 enumeraba las corrupciones del rey emérito, las cloacas del Estado y los escándalos que salpican la democracia desde la Transición.
El día que murió, Pedro Sánchez lo despidió como un hombre «coherente, honesto, siempre crítico». Exacto. Esas tres palabras son el problema del PSOE: un hombre así no vota a quien se reparte el pastel.
Lo que dijo de Sánchez
Quien diga que Anguita nunca se pronunció sobre Pedro Sánchez no ha leído sus entrevistas. En diciembre de 2017, con Sánchez recién recuperada la secretaría general, dijo que el PSOE llevaba décadas sin ser izquierda y que era «una especie de marca blanca de la derecha»; que el último ejemplo era Sánchez, y que quien lo tomara por la izquierda tenía un análisis prehistórico. Que en el PSOE haya mucha gente de izquierdas le parecía irrelevante: mientras la marinería obedezca a los capitanes, el barco va a donde ellos lo lleven. Y a la pregunta de si él habría facilitado un gobierno al PSOE de Sánchez contestó, entre risas, que no.
En agosto de 2019, en plena investidura fallida, fue más lejos. El PSOE no es de fiar, dijo: en la oposición afirma una cosa y en el poder pacta con la derecha y hace otra. De Sánchez, que no se fiaba «en absoluto» por la hoja de servicios del partido desde Felipe González. Y recordó una lección que hoy suena a profecía: cuando González pudo pactar con él, prefirió a Jordi Pujol.
Sánchez prefirió a Puigdemont. Su legislatura nació con los votos de Junts y ha muerto con los votos de Junts, que tumbó los decretos de vivienda. La hemeroteca no habla de la amnistía, porque Anguita murió antes; pero esa película ya la había visto.
La trampa del voto útil
Córdoba, 22 de junio de 2016, cuarenta grados, plaza abarrotada. El PSOE pedía en esa campaña el voto de los comunistas y Anguita, que llevaba más de un año sin pisar un mitin, apareció en el de Unidos Podemos. No fue a arengar sino a avisar: «Si creéis que sólo votando está todo resuelto os equivocáis». Lo que hay enfrente, dijo, no se presenta a las elecciones: son el Santander, el BBVA y el IBEX 35; el Gobierno es solo el manijero, y sin un contrapoder ciudadano que lo vigile nada cambia. A su lado, Alberto Garzón remató que nadie de izquierdas podía votar un programa del PSOE pactado con Ciudadanos.
Diez años después, el manijero lleva ocho en la Moncloa y la vivienda ha reventado. Acampada en la Puerta del Sol, el desahucio de una mujer de 87 años en Madrid como detonante, dos decretos caídos en el Congreso y, el 11 de noviembre, la primera huelga general respaldada por CCOO y UGT desde 2012. Los propios sindicatos admiten que no saben bien contra quién va: ¿contra el Gobierno que no hizo lo suficiente o contra la derecha que tumbó los decretos? Esa duda es la foto exacta de lo que Anguita llamaba las dos orillas.
El voto útil es la trampa de siempre: votar, por miedo a la derecha, a un partido que gobierna con la derecha. Anguita la esquivó en 1993, en 2016 y en 2019. No hay motivo para pensar que en 2026, con el PSOE de los sobres, fuera a hacer la excepción.
Las objeciones, y por qué no bastan
Dirán, con razón, que a comienzos de 2020 Anguita apoyó la entrada de Unidas Podemos en el Gobierno de coalición. Es cierto, y conviene leerlo entero: apoyaba a Unidas Podemos, no al PSOE; avisó de que aquello podía ser la tumba o la gloria de su gente, y explicó que su apoyo consistía en apoyar y, a veces, en marcar silencios. Fue antes de Koldo, de Ábalos, de Cerdán y de los sobres. El hombre que votó no a González por Filesa no habría callado ante esto.
Dirán también que este Gobierno ha subido el salario mínimo, ha revalorizado las pensiones, ha reconocido a Palestina y se ha plantado ante el 5 % de gasto militar que exige Washington. Todo eso cuenta, y Anguita lo habría apuntado en el haber: su lema era programa, programa, programa. Pero para él la honradez no era un capítulo del programa, era la condición para leerlo. Un programa social no lava sobres.
Y dirán, por último, que Koldo asegura ahora que el PP le ofreció un millón de euros para hacer caer a Sánchez. Puede ser; de la derecha Anguita no esperaba otra cosa. Lo que no habría entendido es que la respuesta de un partido de izquierdas a su propia corrupción sea señalar la del vecino.
Ey, comunista: si el 29-N vas a votar con la nariz tapada, hazlo. Pero no lo hagas en nombre de Julio Anguita. Él no lo habría hecho.
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