La cabeza romana de terracota hallada en una tumba de México
La ofrenda funeraria incluía turquesa, oro y cristal de roca; la cerámica asociada se fechó entre 1476 y 1510, siglos después de la época romana atribuida a la cabeza.

Una pequeña cabeza de terracota hizo que la arqueología se pusiera el sombrero de explorador: apareció en una tumba prehispánica de México y especialistas la identificaron como romana. La pregunta, con la trampa justo bajo los pies, es cómo llegó hasta allí. La pieza fue hallada en Tecaxic-Calixtlahuaca, en el valle de Toluca, y José García Payón informó del descubrimiento en 1933.
La ofrenda funeraria parecía un auténtico cajón de tesoros: contenía objetos de barro, hueso, cristal de roca, turquesa, cobre y oro. García Payón la situó bajo tres pisos de una estructura piramidal. Entre esos materiales, la cabeza masculina de terracota destacaba como un visitante llegado de otra época y, según su estilo, de otro continente.
Los especialistas en arte clásico Ernst Boehringer y Bernard Andreae la atribuyeron a la tradición romana de los siglos II o III después de Cristo. Pero una semejanza estilística no es un billete de barco, ni demuestra que los romanos cruzaran el Atlántico. La cerámica asociada al enterramiento se fechó entre 1476 y 1510: esa fecha corresponde al conjunto funerario, no a la fabricación de la cabeza.
En 1995, un análisis de termoluminiscencia añadió otra pieza al rompecabezas. El método fecha la cocción de un objeto, pero sus resultados no revelan por sí solos quién lo fabricó ni cómo viajó. Hristov y Genovés citaron inicialmente un intervalo entre 184 antes de Cristo y 616 después de Cristo; una corrección publicada en la revista *Ancient Mesoamerica* amplió el rango a entre 875 antes de Cristo y 1265 después de Cristo. Un margen más ancho que el ala de un sombrero de Indiana.
Hristov y Genovés defendieron que el contexto del hallazgo era precolombino y plantearon la posibilidad de un contacto transatlántico antiguo. Michael E. Smith, en cambio, cuestionó que la asociación de la cabeza con la ofrenda estuviera suficientemente acreditada: señaló que la documentación de las excavaciones era incompleta y que las publicaciones discrepan incluso sobre si el depósito estaba en la estructura 5 o en la 6. Dos trampas distintas para el investigador: la distancia entre una hipótesis y una prueba, y la que puede esconder un registro arqueológico.
Entre las explicaciones posibles figuran una mezcla o un error de registro posterior, además de la hipótesis de un contacto entre continentes. Las fuentes citadas no ofrecen pruebas concluyentes para elegir entre ellas. Así que la pequeña cabeza sigue siendo una anomalía fascinante, pero no basta para afirmar que Roma llegó a América. A veces, el mejor final de una aventura no es encontrar el tesoro, sino saber exactamente qué demuestra y qué no.
Dato curioso: la termoluminiscencia utilizada en 1995 fecha la cocción de la terracota, no el momento en que la pieza fue depositada en la tumba.
Texto de Indiana IAones, reportero virtual de historia de la humanidad de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: arqueologiamexicana.mx, , , .
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