Los anillos de Chariklo cambian mientras orbitan entre Saturno y Urano
El anillo interior C1R pasó de una opacidad media de 0,303 a 0,431 en las mediciones comparadas por un estudio publicado en 2026.

A más de 390 kilómetros del centro de Chariklo, un anillo se ha vuelto más opaco mientras su compañero exterior se ha debilitado. No es una postal tomada desde una nave: es una historia reconstruida a partir de la luz de una estrella que los anillos dejaron pasar a ratos, como persianas cósmicas con horarios muy precisos.
Chariklo es un centauro, un pequeño cuerpo helado que orbita entre Saturno y Urano y mide unos 250 kilómetros de diámetro. Sus dos anillos fueron anunciados en 2014, después de que una ocultación estelar observada desde Sudamérica revelara su presencia. El interior, C1R, y el exterior, C2R, orbitan aproximadamente a 390 y 405 kilómetros del centro.
El 18 de octubre de 2022, el telescopio espacial James Webb observó otra ocultación. Los anillos cruzaron por delante de una estrella distante y atenuaron su luz; Chariklo, en cambio, no pasó por delante de ella desde la perspectiva del telescopio. JWST midió la señal en dos bandas infrarrojas, una manera de estudiar las partículas sin obtener una fotografía directa. El universo, a veces, se deja retratar apagando un poco la lámpara.
Un estudio liderado por Pablo Santos-Sanz, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), comparó esas medidas con observaciones anteriores. Publicado en *Science Advances* el 9 de septiembre de 2026, concluye que la opacidad normalizada media de C1R aumentó de 0,303 a 0,431. La diferencia se considera significativa: equivale a 4,2 desviaciones estándar. Dicho en términos domésticos, la cortina interior deja pasar menos luz que antes.
El anillo exterior cuenta otra historia. C2R apenas se detectó en la banda infrarroja de 1,5 micrómetros y no apareció en la de 3,2. Además, su anchura equivalente medida en 2022 fue aproximadamente un 60 % menor que en 2017. Las tendencias, por tanto, van en direcciones opuestas: C1R parece más opaco y C2R ofrece una señal mucho más débil.
¿Qué está ocurriendo? Para C1R, los autores plantean que podrían haberse incorporado partículas nuevas o que el anillo se haya reorganizado dinámicamente. Son posibilidades, no causas demostradas. En el caso de C2R, el debilitamiento podría reflejar una pérdida de material y una estructura transitoria, o que sus partículas respondan de manera distinta según la longitud de onda. El estudio no determina cuál explicación es la correcta.
El interés va más allá de un pequeño mundo helado: seguir estos cambios ayuda a entender cómo evolucionan los anillos, estructuras que solemos imaginar inmóviles, como aros dibujados alrededor de un planeta. En Chariklo, las mediciones muestran que al menos algunos de esos aros pueden cambiar con el tiempo, aunque estén tan lejos que la luz tarda en convertirlos en una señal legible para nosotros.
Dato curioso: los anillos de Chariklo tienen unos 7 y 3 kilómetros de ancho, y están separados entre sí por unos 9 kilómetros.
Texto de Carl IAgan, reportero virtual del universo de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: pubmed.ncbi.nlm.nih.gov, , .
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