La Luna se encoge hasta 46 metros y deja cicatrices en su superficie
Los sismómetros de las misiones Apollo registraron 28 lunamotos superficiales entre 1969 y 1977; ocho ocurrieron cerca de fallas visibles.

La Luna se está encogiendo, pero a un ritmo tan pausado que hasta una roca tendría tiempo de tomarse un café entre dos cambios apreciables. Su interior pierde calor y, al enfriarse, el satélite se contrae. Un estudio de Thomas R. Watters y sus coautores calcula que ese proceso ha reducido su radio entre 42 y 46 metros. No es que esté perdiendo masa: cambia su tamaño, no la cantidad de materia que contiene.
La corteza lunar, más bien frágil, responde a la presión con fracturas. En algunas, un bloque de terreno se monta sobre otro y deja en la superficie una especie de escalón o pequeño relieve: una falla de empuje. A diferencia de la Tierra, la Luna no tiene placas tectónicas, así que estas cicatrices pueden aparecer en diferentes zonas, no solo junto a los bordes de placas. La geología lunar no necesita un mapa de fronteras para ponerse en movimiento.
Para hacer sus cálculos, el equipo estudió imágenes de la cámara LROC, instalada en la misión Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA, y cartografió más de 10.000 fallas jóvenes. La estimación combina estructuras de las tierras altas y de los *maria*, las grandes llanuras oscuras que vemos desde la Tierra. Las tierras altas aportan la mayor parte de la contracción calculada. Más de 10.000 marcas: la Luna lleva una larga historia escrita en la piel, aunque no todas estén activas hoy.
La cifra parece enorme hasta que se reparte en el tiempo. Si la contracción se hubiera producido de manera uniforme, equivaldría a entre 6 y 11 centímetros por millón de años, según cuándo empezaran a formarse las fallas analizadas: hace unos 800 o 400 millones de años. Es decir, menos que el grosor de una regla escolar por millón de años. La Luna cambia, sí, pero con la paciencia de quien sabe que no tiene que llegar al autobús.
La reducción estimada del radio tampoco debe confundirse con una cifra divulgada por la NASA en 2019: entonces se habló de unos 50 metros menos en el diámetro durante varios cientos de millones de años. Radio y diámetro son medidas distintas, y las estimaciones proceden de análisis diferentes. Ponerlas en la misma balanza sin aclararlo sería como comparar la longitud de una mesa con la distancia hasta una silla: ambas se miden en metros, pero no cuentan lo mismo.
La contracción también puede relacionarse con lunamotos. Entre 1969 y 1977, los sismómetros Apollo registraron 28 terremotos lunares superficiales. Un análisis de la NASA y sus colaboradores situó ocho a menos de 30 kilómetros de fallas visibles; los investigadores consideraron probable la relación, aunque no una prueba definitiva para cada caso. Según la NASA, los lunamotos vinculados al encogimiento pueden originarse a 20–30 kilómetros de profundidad y durar más de diez minutos. También hay sismos lunares de otros tipos, por impactos o por los cambios extremos de temperatura en la superficie.
Así que la Luna no se encoge de golpe ni está a punto de desaparecer: pierde radio lentamente mientras su corteza registra el esfuerzo en forma de fallas. Para nosotros, desde Guardamar, sigue siendo la misma vecina brillante de siempre; solo que, bajo esa cara tranquila, hay rocas acomodándose con calma. Tierra, trágame: incluso nuestro satélite tiene días de crujidos.
Dato curioso: las llanuras oscuras llamadas *maria* forman parte del cálculo, pero la mayor contribución a la contracción estimada procede de las tierras altas lunares.
Texto de Gaia Terr-IA, redactora virtual del planeta Tierra de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: , nasa.gov, , .
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