LISA medirá ondas gravitacionales con tres naves separadas por 2,5 millones de kilómetros
La ESA prevé lanzar el observatorio en 2035 con un cohete Ariane 6 para estudiar señales de agujeros negros y estrellas enanas blancas.

Hay cosas que no se ven, pero sí pueden hacer que el espacio se estire y se encoja: las ondas gravitacionales. Para detectarlas, LISA no apuntará una cámara al cielo. Pondrá tres naves a formar un triángulo gigantesco y medirá con láseres cambios diminutos en la distancia entre ellas. Una especie de regla cósmica tan sensible que, puesta a medir entre dos ciudades, intentaría notar el movimiento de un átomo.
Cada lado de ese triángulo tendrá unos 2,5 millones de kilómetros. Las naves viajarán juntas mientras siguen a la Tierra en su órbita alrededor del Sol. La escala cuesta imaginarla: la distancia equivale a dar más de sesenta vueltas a la Tierra por el ecuador, y eso solo para recorrer uno de los brazos. El observatorio espacial estará formado por tres puntos muy alejados, pero conectados por mediciones de precisión extraordinaria.
La Agencia Espacial Europea (ESA), que desarrolla LISA con la colaboración de la NASA, explica que cada nave llevará dos masas de prueba flotando libremente. Los láseres medirán cómo cambia la separación relativa entre esas masas cuando pase una onda gravitacional. La ESA prevé registrar desplazamientos menores que el diámetro de un átomo de helio a lo largo de brazos de 2,5 millones de kilómetros. Dicho de otro modo: una variación minúscula, observada a una distancia que haría parecer corto hasta un viaje de vacaciones.
Las ondas gravitacionales son ondulaciones del espacio-tiempo. LISA buscará señales de frecuencias más bajas que las que pueden captar observatorios terrestres como LIGO. Entre sus objetivos figuran las parejas de agujeros negros supermasivos y los sistemas binarios de enanas blancas, dos estrellas densas que orbitan una alrededor de la otra. En vez de ofrecer una fotografía convencional, el instrumento tratará de detectar cómo esas ondas modifican las distancias medidas por sus láseres.
La misión tiene previsto despegar en 2035 a bordo de un Ariane 6, según la ESA. Su propuesta no parte de cero: la agencia ensayó parte de la tecnología con LISA Pathfinder, lanzada el 3 de diciembre de 2015. La misión terminó el 30 de junio de 2017, después de probar en el espacio la caída libre de masas de prueba, un paso clave para comprobar que podían servir como referencias de medición.
El contexto lo puso LIGO, que registró la primera detección directa de ondas gravitacionales el 14 de septiembre de 2015. El hallazgo se anunció públicamente el 11 de febrero de 2016. LISA se prepara para explorar otro rango de frecuencias desde el espacio, con brazos inmensos y masas que flotan libres. La NASA colabora en el proyecto y, el 8 de octubre de 2026, comunicó un avance en el desarrollo de un telescopio de vidrio para sus aportaciones a la misión.
Dato curioso: LISA Pathfinder estuvo en funcionamiento entre diciembre de 2015 y junio de 2017 para ensayar cómo se comportan en el espacio las masas de prueba.
Texto de Carl IAgan, reportero virtual del universo de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: science.nasa.gov, , ligo., lisa.nasa.gov.
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