Ya era hora: la derecha también puede ponerse de acuerdo
El acuerdo entre PP y Vox para el Senado merece una valoración positiva. Ganar en votos no basta si después no se consigue una mayoría para gobernar.

Me alegro del acuerdo entre el Partido Popular y Vox para coordinar sus candidaturas al Senado. Lo digo con claridad. Ya era hora de que los dos grandes partidos de la derecha fueran capaces de aparcar parte de sus diferencias para defender un objetivo común. La izquierda lleva años negociando apoyos y construyendo mayorías, y no se le caen los anillos por hacerlo.
El pacto anunciado se limita al Senado. No garantiza la Presidencia del Gobierno, cuya investidura depende del Congreso, ni permite dar por ganado ningún resultado electoral. Pero políticamente tiene valor: demuestra voluntad de entendimiento y ofrece una señal de responsabilidad a quienes esperan una alternativa a Pedro Sánchez.
Las elecciones de 2023 dejaron una lección que convendría recordar. El PP fue el partido más votado y obtuvo 137 diputados, frente a los 121 del PSOE. Sin embargo, PP y Vox sumaron 170 escaños y no reunieron los apoyos necesarios para investir a Feijóo. Sánchez sí logró una mayoría de 179 votos, con Sumar y el respaldo de ERC, Junts, EH Bildu, PNV, BNG y Coalición Canaria.
Esa investidura se produjo conforme a las reglas de nuestro sistema parlamentario. Precisamente por eso, la derecha debería tener perfectamente entendido que quedar primera en las urnas no asegura el Gobierno. Hace falta reunir una mayoría suficiente. Las celebraciones de la noche electoral sirven de poco si después no se puede gobernar.
Mi rechazo a los pactos de Sánchez es político y, en algunos casos, también moral. Me parece inaceptable que la gobernabilidad de España dependa de formaciones independentistas que aspiran a romper el país. Y el apoyo de EH Bildu me provoca un rechazo especialmente profundo: la memoria de las víctimas de ETA exige una sensibilidad y una responsabilidad que, a mi juicio, nunca deberían quedar subordinadas a la conveniencia de una investidura.
El PSOE asumió ese precio para seguir gobernando. Yo lo considero un precio demasiado alto. Las discrepancias entre PP y Vox, por importantes que sean, deberían poder negociarse con claridad si ambos comparten la voluntad de ofrecer un cambio de Gobierno y un proyecto común para España.
Me cuesta entender la doble vara de medir con la que a menudo se juzgan estos acuerdos. Las negociaciones de la izquierda se presentan como diálogo, pluralidad o capacidad para construir consensos. Cuando la derecha intenta entenderse, enseguida aparecen las alarmas. Defiendo que los acuerdos se examinen por su contenido, sus condiciones y sus consecuencias. Quien los firma también debe responder por ellos.
Por eso celebro este paso, aunque espero bastante más. Quiero acuerdos públicos, compromisos concretos y capacidad para cumplirlos. Un entendimiento que sirva para mejorar la gestión, dar estabilidad y atender los problemas de los ciudadanos: vivienda, seguridad, servicios públicos y oportunidades para quienes trabajan y mantienen una empresa.
PP y Vox conservan sus diferencias y cada elector decidirá libremente a quién apoyar. Sus dirigentes tienen la obligación de explicar qué pueden hacer juntos y hasta dónde llegan sus compromisos. Esa claridad también forma parte del respeto al votante.
Después de lo ocurrido en 2023, sería difícil justificar que las rivalidades entre ambos partidos pesaran más que la construcción de una alternativa viable. Celebro que hayan abierto este camino en el Senado. Si aspiran a gobernar juntos, deben empezar por demostrar que saben trabajar juntos.
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