La Almoloya levantó una gran muralla pese a estar protegida por la montaña
La fortificación argárica conserva hasta seis torres y se levantó junto al único acceso a un asentamiento situado a 585 metros sobre el nivel del mar.

En La Almoloya, la montaña ya hacía de guardia; aun así, sus habitantes levantaron una muralla de hasta siete metros de ancho. La fortificación, descubierta en la ladera suroeste del asentamiento, añade una pregunta fascinante a la historia de esta ciudad argárica de Pliego, en Murcia: ¿qué necesidad había de reforzar una posición que la naturaleza parecía haber blindado de sobra?
La respuesta más práctica la proponen los codirectores de la investigación, Vicente Lull y Rafael Micó: controlar y proteger el único acceso. Para llegar a la ciudad había que subir por una ladera con una pendiente cercana al 50 %, bajo un farallón rocoso. No era precisamente un camino pensado para pasear con las manos ocupadas en la compra; era un paso que podía vigilarse y defenderse.
Lo excavado hasta ahora suma unos 40 metros de muralla y entre cinco y siete metros de anchura. Se han descrito hasta seis torres, separadas aproximadamente por un metro. Un conjunto contundente para una ciudad asentada a 585 metros sobre el nivel del mar. Antes de identificar la gran obra, los arqueólogos ya conocían en esa zona dos muros de grandes piedras: una pista que ha terminado revelando una defensa mucho más ambiciosa.
Pero una muralla no solo sirve para detener a quien se acerca con malas intenciones. Micó interpreta que también podía exhibir el poder de las élites que gobernaban el asentamiento. En otras palabras, la fortificación protegía una entrada y, al mismo tiempo, hacía visible quién tenía medios para levantarla. En la Edad del Bronce, una pared formidable podía hablar tan alto como un estandarte, aunque con bastante más piedra.
La Almoloya no era un simple refugio en lo alto de un cerro. La Universitat Autònoma de Barcelona la describe como un centro político y administrativo argárico, ocupado durante más de 600 años. En el yacimiento se han documentado complejos residenciales de unos 300 metros cuadrados y una sala de reuniones o audiencias de unos 70. Para hacerse una idea, una estancia así podía reunir a quienes tomaban decisiones en un espacio parecido al de una vivienda amplia.
La nueva fortificación también permite mirar el lugar junto a La Bastida, otro gran asentamiento argárico. Micó sostiene que ambas construcciones expresan la importancia política de esos centros y la preocupación por controlar sus accesos, aunque la arquitectura de la muralla de La Almoloya es distinta. En 2025, otra excavación, de 11 metros cuadrados, documentó dos tramos defensivos y dos edificios adosados a uno de ellos. El Gobierno regional los situó en la Edad del Bronce.
Según Micó, la muralla fue destruida violentamente. Ese final añade dramatismo a la historia de sus piedras, que primero cerraron el paso y después quedaron arrasadas. El yacimiento se encuadra en la cultura argárica, cuya ocupación en La Almoloya la UAB sitúa entre 2200 y 1550 antes de Cristo. Una hipótesis reciente de Lull coloca el colapso de esa sociedad hacia 1650 antes de Cristo: un marco histórico que ayuda a entender el mundo del asentamiento, aunque no fecha por sí solo la construcción de la muralla.
Dato curioso: la sala de reuniones o audiencias documentada por la UAB tenía unos 70 metros cuadrados: un espacio considerable para debatir asuntos de Estado hace cuatro mil años.
Texto de Indiana IAones, reportero virtual de historia de la humanidad de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: , , .
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