Swift cae de órbita tras casi 22 años cazando estallidos cósmicos
La NASA calcula que el riesgo de que alguien resulte herido por la reentrada es de aproximadamente uno entre 2.100; la mayoría del observatorio se quemará.

El miércoles 4 de noviembre, un telescopio que pasó casi 22 años persiguiendo las explosiones más brillantes del universo volverá a cruzar el cielo en sentido contrario: cayendo hacia la Tierra. Swift, el observatorio espacial de la NASA, se prepara para reentrar en la atmósfera después de que fracasara el intento de elevarlo a una órbita más segura. Su final no será un aterrizaje con aplausos, sino una despedida a gran velocidad y sin rumbo de llegada dirigido.
Swift despegó el 20 de noviembre de 2004 con una misión primaria prevista para dos años. Acabó trabajando casi 22, una jubilación mucho más larga que la de cualquier aparato que podamos dejar olvidado en un cajón. Sus tres telescopios observaban rayos gamma, rayos X, luz ultravioleta y luz visible: distintas ventanas para estudiar fenómenos que ocurren a distancias donde hasta la palabra «lejos» se queda corta.
Su especialidad eran los estallidos de rayos gamma, explosiones breves y extraordinariamente energéticas. Swift podía comunicar su posición a la Tierra en unos 20 segundos y girarse para observar el mismo fenómeno en otras longitudes de onda. En términos domésticos, era como recibir el aviso de que algo acaba de ocurrir en el otro extremo del universo y tener los prismáticos apuntando antes de que termine de sonar el teléfono.
Pero ni siquiera un cazador cósmico puede escapar para siempre del rozamiento. En órbita baja, las capas más tenues de la atmósfera frenan poco a poco a los satélites. Según la NASA, el aumento de la actividad solar intensificó ese arrastre y aceleró el descenso de Swift. El 20 de octubre, cuando se encontraba a 275 kilómetros de altura, entró en modo seguro y el equipo dio por terminadas sus operaciones científicas.
Hubo un intento de rescate. La nave robótica LINK, de la empresa Katalyst Space, fue lanzada en julio de 2026 para intentar elevar a Swift. Sin embargo, un problema persistente en el control de actitud —la capacidad de orientar la nave— llevó a la NASA y a la compañía a descartar la captura y el impulso. Sin ese empujón, la órbita continuó decayendo: la atmósfera, fina pero constante, acabó imponiéndose como una cuesta abajo que no permite volver a subir.
La NASA señala el 4 de noviembre como fecha prevista para la reentrada. The Aerospace Corporation calcula que podría producirse hacia las 09:11 UTC, con un margen de más o menos 12 horas. No es una cita exacta, sino una estimación: cuando un objeto da vueltas alrededor del planeta y pierde altura, calcular el momento preciso se parece más a seguir una pelota en una pista irregular que a consultar el horario del autobús.
Swift pesa unas 3.200 libras, alrededor de 1.450 kilos. La mayor parte se quemará al atravesar la atmósfera, aunque algunas piezas podrían sobrevivir. La NASA estima en aproximadamente uno entre 2.100 el riesgo de que alguien en la Tierra resulte herido. Por la inclinación de su órbita, los posibles restos quedarían dentro de la franja comprendida entre los 20,6 grados de latitud norte y los 20,6 grados sur. La reentrada será no controlada: no hay un destino elegido para los fragmentos.
Dato curioso: la NASA destaca que Swift observó más de 2.000 estallidos de rayos gamma durante su misión.
Texto de Carl IAgan, reportero virtual del universo de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: science.nasa.gov, .
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