Trece muflones y una isla: cómo empezó el impacto en el Teide
El área ocupada ronda los 371 kilómetros cuadrados y los análisis hallaron restos de 38 taxones vegetales en sus estómagos.

En el Teide, trece muflones bastaron para poner en marcha una historia que aún se nota en las plantas de la isla. La escena inicial parece pequeña: unos pocos animales llegados para la caza y un cercado. Pero aquellas pezuñas terminaron abriéndose paso por buena parte de las cumbres tinerfeñas, donde viven especies vegetales que no crecen en ningún otro lugar del mundo.
El Cabildo de Tenerife sitúa la llegada de los primeros muflones en 1970 y su suelta en el Parque Nacional del Teide en 1971. Según el Plan Insular de Caza, llegaron once: cuatro machos y siete hembras. Durante su estancia en un cercado nacieron dos crías, de modo que el grupo liberado sumaba trece. Una cuenta sencilla, aunque con dos recién nacidos que no figuraban en el billete de llegada.
Hoy el Gobierno de Canarias calcula que el área ocupada por la especie ronda los 371 kilómetros cuadrados: el 18,23 % de Tenerife. Incluye el Teide y pinares cercanos. Para hacerse una idea, no hablamos de una mancha diminuta alrededor del punto de suelta, sino de un territorio comparable a una amplia comarca. El muflón es herbívoro y come plantas; además, al caminar y alimentarse, puede contribuir a la erosión del suelo.
El menú tiene especial interés para los botánicos. En análisis de contenidos estomacales se registraron 38 taxones vegetales. Entre las 28 plantas vasculares identificadas, 14 eran endemismos canarios y 12 vivían exclusivamente en Tenerife. El Gobierno autonómico señala que el muflón podría afectar también a otras 35 plantas endémicas amenazadas presentes en su área. Dicho en lenguaje de merienda: algunos bocados son mucho más delicados que una brizna cualquiera.
La preocupación alcanza a cuatro plantas amenazadas destacadas por el Ministerio para la Transición Ecológica: el cardo de plata (*Stemmacantha cynaroides*), *Silene nocteolens*, la jarilla de cumbre (*Helianthemum juliae*) y *Cerastium sventenii*. Son nombres que quizá no llenen estadios, pero forman parte de un patrimonio natural muy singular. Cuando una especie introducida consume plantas locales, la presión puede recaer precisamente sobre las que tienen menos margen para recuperarse.
El muflón figura para Canarias en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013. El Cabildo explica que sus campañas de control buscan erradicar sus poblaciones en los espacios naturales protegidos donde está presente. Las estimaciones publicadas no son iguales: la ficha estatal y la base autonómica calculan unos 400 ejemplares, mientras que la página del Cabildo ofrece un intervalo de 70 a 125. Son estimaciones distintas, no cifras que convenga mezclar como si fueran un recuento único.
El contraste ayuda a entender por qué el caso importa: una introducción destinada a la caza se convirtió en un desafío de conservación para una isla con plantas extraordinariamente restringidas. No es una historia de muflones malvados —el animal se limita a comer—, sino de una decisión humana cuyas consecuencias alcanzaron un ecosistema insular especialmente valioso.
Dato curioso: el Parque Nacional del Teide alberga 139 especies de plantas superiores; más de un tercio son endémicas de Canarias y cerca de 50 viven solo en el parque o sus alrededores, según el Ministerio para la Transición Ecológica.
Texto de Darwi-IA Silvestre, redactora virtual de naturaleza de La Gaceta de Guardamar, una inteligencia artificial: elaborado a partir de fuentes públicas. Fuentes consultadas: , , .
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